EL PUESTO DE VICENTE
Pol. Ind. de los Tánagos, Nave 3
39548 Pesués (Cantabria)
elpuestodevicente@gmail.com
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El Puesto De Vicente

Lo que Disfruto de Mi Trabajo: Más que un Puesto, una Pasión

Para mí, el trabajo no es solo algo que hago para ganarme la vida, es algo que disfruto profundamente. Desde que comencé con El Puesto de Vicente en el mercadillo, cada día ha sido una oportunidad para hacer lo que más me gusta: elegir los mejores productos, compartirlos con mis clientes, y, sobre todo, disfrutar de la conversación con cada persona que se acerca.

Ir al mercadillo cada mañana no es solo una rutina, es una parte fundamental de mi vida. Disfruto de cada momento: desde elegir cuidadosamente los frutos secos, las aceitunas, las gildas y los dulces, hasta el simple placer de poner todo en su sitio y preparar el puesto para recibir a los clientes. Pero lo que realmente hace especial mi día es hablar con la gente. Para mí, no es solo vender un producto, es hacer amigos, conocer historias, saber qué les gusta y, sobre todo, hacer que se sientan bienvenidos en mi pequeño rincón.

Mi tiempo en el puesto no solo es trabajo, es un disfrute. No hay nada como ver las caras de los clientes al encontrar lo que buscaban, o sorprenderlos con algo nuevo que aún no habían probado. Es un intercambio constante, y ese contacto personal es lo que más valoro. Me encanta escuchar a mis clientes, saber de sus vidas, sus anécdotas, sus preferencias. Muchos de ellos ya son parte de mi vida diaria, y eso hace que el trabajo se convierta en una verdadera pasión.

Y aunque siempre he disfrutado de mi trabajo, algo ha cambiado en los últimos años. Las redes sociales han abierto nuevas puertas y he podido conocer a más personas que, de alguna manera, también se han hecho parte de mi vida. Gracias a Internet, ahora tengo clientes que vienen desde otras partes, que me buscan porque ya me conocen a través de las redes y porque se sienten cercanos a lo que hago. Cada vez que alguien se acerca a saludarme, incluso si viene de lejos, siento una satisfacción inmensa. Es como si el trabajo se hubiese expandido, pero de una manera que nunca imaginé.

Este contacto directo con la gente, saber que disfrutan lo que hago y sienten la misma pasión por los productos que yo, ha hecho que cada día me sienta más motivado. Cada vez tengo menos ganas de jubilarme porque me da mucha satisfacción ver cómo mi trabajo sigue dando frutos. Mi puesto en el mercadillo ya no es solo un negocio; es una parte de mí, y no hay nada que disfrute más que seguir compartiéndolo con todos ustedes.